Cuidar de un perro no es solo quererlo.
Es tomar decisiones.
Y muchas de esas decisiones pasan, tarde o temprano, por una consulta veterinaria.
Confiar en un profesional es importante.
Pero delegar sin criterio no es lo mismo que confiar.
Y esto no va de atacar a nadie.
Va de algo mucho más serio: la salud y la vida de tu perro.
Cuando pides una prueba, no pides un favor: estás pidiendo un servicio
Hace poco pedí una prueba concreta para mi perro.
Un TAC.
No “lo que el veterinario creyera conveniente”, sino lo que yo necesitaba valorar según lo que estaba observando en su cuerpo y en su día a día.
Solicité explícitamente:
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TAC de cervical
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TAC de codos
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TAC de hombros
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Añadir TAC de la zona lumbar
El coste fue elevado.
En mi caso, 750 €.
Y no lo digo por el dinero en sí.
Lo digo porque cuando pagas una prueba de este nivel, pagas una valoración completa y detallada, no un informe escueto que no entra en profundidad en cada zona solicitada.
Esto no va de lo que necesita el veterinario.
Va de lo que tú estás pagando para tomar decisiones informadas sobre la vida de tu perro.
Elegir no hacer una prueba también es criterio
Se me propuso realizar una prueba de líquido cefalorraquídeo.
Una prueba muy invasiva.
Mi perro tiene 11 años.
Y en ese momento no presentaba síntomas neurológicos que justificaran asumir ese impacto físico y emocional.
Decidí no hacerla.
Y esto es importante decirlo claro:
👉 decidir no hacer una prueba no es irresponsabilidad
👉 es valorar riesgos, edad, momento y necesidad real
Eso también es cuidar.
Ser objetiva es una forma de proteger a tu perro
Cuando algo no te cuadra, cuando sientes que una valoración se queda corta, cuando notas que falta profundidad o acompañamiento, no te lo inventas.
Ser objetiva no es ser conflictiva.
Es ser responsable.
La salud de tu perro está siempre en juego, incluso cuando todo parece “correcto”.
Y aquí viene algo importante:
cuando expresas un malestar desde el respeto, puede pasar que el profesional se ponga a la defensiva.
Eso no es tuyo.
No cargues con esa culpa.
Si tú has hablado con calma, con educación y con un objetivo claro —mejorar la vida de tu perro—, estás haciendo lo correcto.
Acompañar no es defenderse: es responsabilizarse
En mi caso, pedí algo muy concreto:
que se solicitara el informe completo y detallado de todas las zonas exploradas.
La respuesta fue que el informe “era correcto” según el criterio del profesional, y que, si no estaba conforme, podría haber buscado otro centro desde el principio.
Esa respuesta dice mucho.
No desde el juicio, sino desde el acompañamiento.
Porque acompañar no es decir “esto es lo que hay”.
Acompañar es escuchar, revisar, ampliar, explicar y asumir responsabilidades.
Y cuando eso no ocurre, con respeto se cierra y se buscan otras opciones.
No desde la rabia.
No desde el ataque.
Desde el amor a tu perro.
Cambiar de profesional no es traicionar a nadie
A veces creemos que cambiar de veterinario, de educador o de terapeuta es “fallar” o ser desagradecidos.
No lo es.
Cambiar de profesional es, muchas veces, ser coherente con lo que necesita tu perro.
Y esto aplica a todos.
Incluso a mí.
Si algún día sientes que yo no te acompaño como necesitas, lo más sano es buscar otra opción.
Eso también es honestidad.
No pierdas el rumbo
No pierdas el rumbo de mejorar la vida de tu perro
por emociones, respuestas defensivas o acciones
de personas que no te pertenecen.
Tu responsabilidad no es agradar.
Es cuidar.
Cuidar con criterio.
Con información.
Con escucha.
Con valentía.
Porque tu perro no puede elegir.
Pero tú sí puedes elegir cómo y con quién acompañarlo.
Y eso, aunque a veces incomode,
es una de las formas más profundas de amor.
Es importante destacar también el papel de la empatía y la paciencia en los profesionales del sector.
En mi caso, cuando Nora tenía unos 6-7 meses, una veterinaria me dijo que había que hacerle radiografías de cadera porque iba coja. Nos dijo a mí ex y a mí que nos fuéramos y volviéramos en media hora. No durmió a Nora… Cómo le haría esas radiografías para que ella no quisiera volver a pasar ni por ese trozo de la calle durante años… No fue eso suficiente, si no que nos dió el diagnóstico al momento. Mi perra tenía displasia. Creo que lo que todos esperaríamos después de ese diagnóstico es que nos expliquen qué opciones tenemos para mejorar la vida de nuestro compañero peludo. Pues esta «profesional» me dijo que lo que yo estaba haciendo por mi perra era muy cruel y egoísta, que mi perra con 2 años iría en silla de ruedas y sufriría unos dolores insoportables toda su vida (yo no paraba de llorar porque tengo fibromialgia, así que sé perfectamente lo que es tener dolores toda tu vida) y me sugirió que debería «hacer un pensamiento» (sacrificarla). En ningún momento reguló sus formas o sus palabras a pesar de ver el desconsuelo en mis lágrimas. En ningún momento me dio ninguna otra opción a parte de «hacer un pensamiento».
Nora era mi primera perra, no tenía experiencia en nada referente a animales, pero algo me decía que sacrificarla no era una opción. Pedí una segunda opinión que, a pesar de ser muy amable y paciente, no me acabó de convencer. Así que seguí buscando hasta que encontré una clínica que además tenía hospital. Hice visita con la veterinaria que me envió al traumatólogo (había especialistas veterinarios para animales? 😱). El traumatólogo me dijo que no era posible hacer una operación que se hace de cachorros porque ya había pasado la edad recomendada, que habría que esperar y, en caso de ser necesario en un futuro, poner prótesis de cadera. Operación cara y compleja, sobre todo por el postoperatorio… Decidí empezar a ahorrar, pero a buscar más opciones. Ahí encontré una clínica de fisioterapia donde hacían sesiones en piscina (nadando, con colchonetas…) y sala. También encontré terapias alternativas como las flores de Bach y las esencias minerales.
Nora falleció en julio, con casi 14 años y medio, sin haberla tenido que operar nunca de la displasia, habiendo disfrutado de rutas campestres, de montaña y baños en ríos y pantanos. Todo aquel que la conoció no se creía que tuviera displasia en ambas caderas.
Nora me enseñó a confiar en mi instinto y sobre todo a no tener miedo a preguntar e informarme. Por fortuna, en sus últimos 14 años, nos acompañaron grandes profesionales, pero sobre todo fueron personas maravillosas que me ofrecieron un abrazo cada vez que la ocasión lo requirió y estuvieron a nuestro lado siempre que los necesitamos. 🧡
Gracias… de verdad 🤍
He leído tu mensaje despacio, con el nudo en la garganta, porque lo que compartes es amor del más honesto que existe.
Nora y Bruce tuvieron algo que no todos los perros tienen: una persona que supo mirarles, aprender de sus errores y crecer con ellos. Eso que dices de no tener experiencia, de equivocarte, de darte cuenta con el tiempo… no resta, suma. Habla de evolución, de conciencia y de un vínculo real.
Lo que hiciste al final fue uno de los actos más grandes de amor: cumplir tu promesa, aunque doliera hasta romperte. Dormirlos no fue rendirse, fue protegerlos. Y esa paz que nombras no llega sola: llega cuando sabes que estuviste, que no miraste hacia otro lado y que priorizaste su bienestar por encima de tu miedo a perderlos.
Me emociona mucho cómo hablas de esa etapa más lenta, de los paseos cortos, del sofá, de la comida compartida, del río, de los pájaros… Ahí es donde está todo. No en hacer más, sino en estar mejor.
Y coincido plenamente contigo: el duelo duele, sí, pero prefiero mil veces pasar yo ese dolor habiendo vivido todo ese amor, que no haberlos tenido nunca. Cuidarles en cada etapa, adaptarnos y disfrutar del presente es lo único que tiene sentido.
Gracias por compartir algo tan íntimo y tan verdadero.
Un abrazo enorme para ti… y para Nora y Bruce, que siguen muy presentes 🤍🐶🐶
Cambiar de veterinario eso no es traicionar a nadie, cambias porque ves que no te dan solución, o porque algo ves que no te gusta, da igual los años que lleves en esa clínica o en ese hospital
Yo con Robin la primera vez que le loperaron de una de sus patas, a las dos semanas le salió infección, la placa la estaba rechazando, yo solo hacía que decir que algo no iba bien, ya que su pata iba cada vez peor
Se le estaba comiendo la piel de su patita esa bacteria, y aún así, seguía diciéndome que se le iría, por desgracia me mandó antibiótico y de tantos días darle antibióticos empezó adelgazar mucho y dejar de comer, volví a decir que algo no iba bien, le hicieron una analítica y le estaba jodiendo el hígado y dejaron de darle ese antibiótico
Pero aún así, seguí allí, pensando que todo se solucionaria, y no fue así, así un año con la infección, hasta que me enfade y les dije que le quitaran la placa, se la quitaron y me dijeron que ya no se le volvería a deformar su patita,y a los dos días se le volvió a deformar, no sirvió de nada todo ese año, no sirvió de nada todo el dinero que gaste
Así que entonces si que decidí cambiar de veterinario, le opero otro y todo salió bien
Pero al operar la otra también le salió infección, pero este traumatogo enseguida le quito la placa, y le volvió a poner otra, y ahora parece que va todo bien
Con Lance ya llevo tres veterinarios, haciendo pruebas sin saber que pasa, se orina encima, hace bastante pis, y últimamente a mordido a varios de la familia, se que algo le duele, pero no saben que es, por más pruebas que lleva ya
Con Bonny cuando empezó a cojear también la llevé al veterinario y me dijeron que era el ligamento, como vi que seguía cojeando la llevé a otro, y al final no era el ligamento si no, un cáncer…
Así que si, cuando sientes que no te ayudan, que no te hablan muy bien, que se ofenden, que no te solucionan el problema, hay que cambiar de profesiónal, porque es la salud de tu perro, de ese ser tan especial, de quien te acompaña siempre, el que te quiere, y lo único que queremos, es su bienestar y saber que es lo que les pasa, no pedimos nada, solo que estén bien y que sepan explicarnos que es lo que les pasa
Así que Vicente mucho animo, todo saldrá bien, porque el tiene la gran suerte de tenerte y sabe que harás lo que sea por el y porque este mejor